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Llegar a los Cuarenta con una piel perfecta.

La piel a los cuarenta años.

Llega a los cuarenta radiante.

Nuestra piel a los cuarenta años será un reflejo del cuidado que le hayamos dado, dejando a un lado el factor genético contra el que poco podemos hacer. 

Las líneas de expresión estarán marcadas por lo que nos hemos reído o llorado, si tenemos el ceño fruncido, etc. Serán huellas de lo vivido y con las que hay que convivir. Eso no quita que tengamos una piel sana y bella a los cuarenta, los cincuenta o los ochenta, todo dependerá de los cuidados que le demos.

Porque la piel tiene memoria y de la buena. Cuando tenemos un problema podemos parchearlo y a partir de ese momento cuidarnos. Pero si lo prevenimos, la llegada de la madurez será más escalonada y llevadera. Nos hemos fijado los cuarenta por el significado y la “mitología” que conlleva: sus famosas crisis, ese paso de la juventud a la madurez y otros cambios hormonales que nadie puede saber cuándo llegarán.

Cómo envejece la piel.

El envejecimiento de nuestra piel es directamente proporcional a la producción de hormonas. Con el paso de los años esa producción disminuye, en diferente medida en cada persona, y es un proceso fisiológico inevitable.

Contra estos factores internos tenemos muy poco margen de maniobra, pero hay otros factores externos en los que sí tenemos capacidad de mejorarlos, cambiando o evitando hábitos nada saludables como pueden ser lo alimentarios, la exposición y abuso de factores climatológicos extremos: sol, humedad, viento, frio..

El consumo de tabaco o alcohol son otros factores perjudiciales para nuestra salud en general y para la capa externa de nuestro cuerpo, así como la contaminación ambiental.

Para evitar un envejecimiento prematuro, deberemos mantener nuestra piel nutrida, evitando la pérdida de agua. Fortaleceremos la dermis, facilitaremos la circulación y mejoraremos el aspecto exterior de nuestra piel: brillo y tacto sedoso. 

Hábitos saludables.

Llámalo como quieras: hábito, rutina, pero debes hacer honor a la palabra. A díario, siempre que puedas, son 5 minutos de tu tiempo, por la noche, por la mañana, pero debes hacerlo. Los frutos los recogerás a medio / largo plazo e igual no los apreciarás hasta que no te digan: “chica, vaya cutis tienes”.

Y lo más difícil será tener esos hábitos saludables cuando crees que no los necesitas y tienes un cutis perfecto, terso, luminoso. De todos modos os recomendamos hacerlo y os recordamos la memoria de elefante que tiene nuestra piel, te recordará lo que hiciste y lo que no hiciste…

Por la mañana.

Fácil y rápido. Nos levantamos y lavamos la cara con agua fría para activar la circulación, utilizaremos un jabón natural suave. Si tienes la piel grasa te recomendamos el de Carbón activo o Barros del Mar Muerto, para pieles secas Karité o Argán.

Después de lavarnos la cara aplicamos nuestra crema antiarrugas, que contenga lo que tu piel admita (pieles grasas o secas no necesitan los mismos productos) pero Aceite de Rosa mosqueta, Centella asiática o Gérmen de trigo serían unos ingredientes fantásticos que no deberían faltar. Y evita siempre que puedas los derivados petroquímicos: parafinas, vaselinas o aceites minerales.

Cuando tu piel absorba la crema deberías aplicar un protector solar, si hiciera falta. Recuerda que la piel es sensible a la radiación solar y existe siempre, haya sol o no.

Por la noche.

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Nuestra opción para desmaquillarte.

Aunque no te maquilles, o lo hagas poco, la piel necesita una limpieza diaria. Restos de maquillaje, suciedad debido a la polución ambiental o sudor debes eliminarlos. Nuestro consejo es que evites las toallitas desmaquillantes de las que te hablamos aquí, ya que arrastran la suciedad sin eliminarla por completo. Leche limpiadora o gel desmaquillante sobre un algodón o disco y haremos una limpieza a conciencia. Sin presionar en exceso, mejor dos pasadas estirar la piel.

Acabado esto y con leves toques, aplicaremos un tónico facial que ayudará a cerrar el poro para pasar a nutrir la piel con una crema o serum. Aconsejamos aceites nutritivos y que no taponen el poro, que penetren todas las capas de la piel.

Nuestra opción sería aceite puro de Argán o de Jojoba. Para las cremas optaríamos por cremas que contengan estos aceites e incluso podríamos reforzar nuestra crema habitual con unas gotitas.

Tanto por la mañana como por la noche no estaría de más utilizar un contorno de ojos para aliviar síntomas de cansancio y desinflamar las dichosas bolsas.

Y una vez por semana nos vendría muy bien una exfolición, tanto corporal como facial. En esta entrada os mostramos unos consejos para exfoliarnos adecuadamente.

Teniendo en cuenta los factores externos; tratando de evitarlos y siguiendo nuestros consejos, , no debes temerle al paso del tiempo. Ya sabéis que “cada maestrillo tiene su librillo”. Estamos seguros que vas a llegar a los cuarenta, o los setenta con un aspecto radiante, te lo van a recordar a menudo.

Sin más, nos despedimos, esperando que haya sido de vuestro agrado y que lo pongáis en práctica desde ya. Un saludo y…. ¡Nos olemos en Caléndula!