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En Alepo no fueron los primeros pero..

Jabón-de-Alepo

Alepo fue pionera en darle forma al jabón.

Si digo Alepo seguro que te sonará, por las noticias, pero para los aficionados y entendidos del jabón, Alepo es la cuna de lo que entendemos hoy en día por “pastilla de jabón”. Te lo vamos a explicar.

Un poco de historia.

Antes de pararnos con detenimiento en Alepo, vamos a definir algún concepto básico para poder entender lo que os vamos a contar. Sencillo, sin mucho tecnicismo, ya verás.

El jabón surge de mezclar un ácido graso (animal o vegetal) con un álcali (sosa o potasa).

El jabón no tiene una fecha exacta de descubrimiento, como muchos de los grandes hallazgos, fue por casualidad. Dicen las leyendas romanas que fue descubierto por el agua de la lluvia que caía por las laderas del monte Sapo, junto al río Tíber.

La grasa de los sacrificios de animales (ácido graso) se mezcló con las cenizas de madera de los fuegos ceremoniales (álcalí), y los esclavos notaron sus propiedades para limpiar, primero sus manos y luego las prendas de vestir.

En Mesopotamia ya se habían encontrado tablillas que mencionan la mezcla que se obtenía de hervir aceites con potasio, resinas y sal y sobre su uso medicinal, de esto hace más de 3.000 años.

Los fenicios lo fabricaban con aceite de oliva y sosa cáustica, obtenida a partir de las cenizas de la combustión de plantas halófitas (plantas que viven en las salinas) como la salicornia o la salsola.

Los egipcios se frotaban con la mezcla obtenida del natrón (un carbonato de sodio mineral extraído de los lagos salados después de la evaporación del agua), tierra de batán (una arcilla que tiene la propiedad de absorber las materias grasas) y altramuces remojados en agua de lluvia machacados.

Proceso de corte del jabón de Alepo

Los germanos y los celtas utilizaban grasa de cabra y cenizas de abedul para fabricar sus jabones. El jabón era, según el historiador romano Plinio, un invento galo. Los galos fabricaban sus jabones con cenizas de haya y sebo o grasa de jabalí y lo usaban, según Plinio, para teñirse sus largas melenas de rubio o pelirrojo.

El olor de la grasa rancia les resultaba bárbaro a los romanos, que como los griegos y etruscos se lavaban frotándose por el cuerpo una mezcla de aceites aromáticos y arena o ceniza que luego eliminaban con un estrigilo (rascadera de metal larga y fina que en la cultura grecorromana se usaba para limpiarse el cuerpo de aceite).

Y nos vamos a parar en Siria, concretamente en la ciudad de Alepo, donde hasta hace pocos días (debido a otra guerra inútil) se seguía fabricando por el mismo método tradicional y con aceite de oliva y aceite de laurel el famoso jabón de Alepo.

Alepo, la ciudad del jabón.

Fundada en el segundo milenio antes de Cristo, la vieja Alepo ha caído muchas veces en guerras, saqueos, terremotos y temblores para volver a levantarse y ofrecer sus encantos al mundo. En Sidón (donde se encuentra el museo del jabón) todavía puede olerse el aroma de lo que fue Alepo.

No fueron los primeros en fabricarlo, pero sí lo fueron en darle la forma cuadrada, dura, pétrea, con la que identificamos hoy al jabón. Y los fenicios, que a comerciantes no los ganaba nadie, no tardaron en ofrecer el nuevo producto en sus asentamientos por todo el Mediterráneo: Cádiz, Cartagena, Nápoles o Marsella acogieron las primeras partidas y, cuentan las crónicas, los avispados habitantes de esta última ciudad se quedaron con la copla para reproducirlo tiempo después en su afamado jabón de Marsella.

El jabón de Alepo era el más puro del mundo. Se elaboraba en las fábricas de Bab el Quinnasrin con aceite de oliva y le añadían aceite de laurel, hidróxido de sodio y agua pura de manantial. Resultaba así una pasta que reunía las propiedades hidratantes y suavizantes de la oliva, la antiinflamatoria y antiséptica del laurel, al tiempo que un aroma embriagador que atrajo la atención de los sudorosos habitantes del oriente medio.

Gracias a la habilidad de sus artesanos con esos aromas, que daban ganas de morderlo más que de limpiarse, la ciudad de Alepo, que en árabe significa ‘Leche Fresca’, se granjeó la fama de comerciante y limpia.

Decían de su jabón que resultaba especialmente beneficioso para las pieles sensibles y para las afectadas de psoriasis, que hacía desaparecer la dermatitis y el acné, que embellecía y daba buen olor.

Hoy Alepo no huele precisamente así, todo lo contrario. Nadie podría imaginar a los barbudos artesanos de antaño fabricando quintales de los primeros jabones, duros como piedras, en las rudimentarias fábricas enterradas hoy bajo sus ruinas.

Hoy ha sido Alepo, pero pronto será el jabón de Marsella o el jabón de Castilla. Aunque todo se basa en lo mismo: la mezcla de un aceite y un álcali…

Esperamos que te haya gustado. Has de saber que hemos utilizado textos y fotografías de losmundosdehachero.com y rebuscado información por blogs, buscadores y wikipedia, para atraerte al apasionante mundo del jabón.

Fuerte abrazo y… ¡Nos olemos en Caléndula!