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El pH ácido de nuestra piel.

¿Qué es el pH?

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El pH medio de nuestra piel es de 4,7

El pH mide el grado de acidez de una sustancia. Partimos de un pH neutro con valor 7, que sería el pH del agua pura (en Europa, el agua del grifo tiene un valor de 8).

Nuestra piel, con dos metros cuadrados de extensión, es el órgano más grande del cuerpo. Es la primera barrera con la que el organismo se protege de los agentes externos, impidiendo que virus, bacterias nocivas y ácaros penetren en nuestro cuerpo.

También ejerce una función clave en el control de la temperatura del cuerpo y en la eliminación de toxinas. Una de las capas de la piel está compuesta en parte por lípidos que son ligeramente ácidos, lo que dificulta que gérmenes, microorganismos u otros parásitos puedan atravesarla.

Las sustancias con pH menor de 7 son ácidas y las mayores de 7 son alcalinas. Hasta hace unos años se creía que el pH medio de la piel era de 5,5. Los científicos pensaban que oscilaba en función de las zonas del cuerpo o si se medía en hombres (más bajo) o en mujeres (más alto).
Sin embargo, un estudio publicado en International Journal of Cosmetic Science (H. Lambers et al., 2006, vol. 28) demuestra que, en promedio, el pH de la piel se sitúa en 4,7, es decir, en niveles más ácidos de los esperados.

¿Es beneficioso para nosotros una piel ácida?

El Prurito se da en pieles con niveles de pH más altos.

Los niveles ácidos del pH influyen en el correcto desarrollo de flora de la piel, compuesta por microorganismos con los que convivimos en armonía. En la piel viven muchos billones de bacterias de mil especies distintas, así como numerosos hongos y levaduras. Esta microflora, que sirve también para estimular al sistema inmunitario, es la responsable de los olores corporales.

La piel proporciona lípidos, minerales y proteínas a estos microorganismos, fortaleciendo la primera línea defensiva del cuerpo humano (el manto ácido) y evitando la invasión de bacterias nocivas. Valores más altos de pH, (menos ácidos), están asociados con enfermedades como la dermatitis atópica, la dermatitis irritativa de contacto, el acné o la ictiosis.

“Lavarse en exceso no es bueno para nuestra piel.”

El pH de nuestra piel se ve alterado con sólo lavarnos, ya que el agua tiene un pH 7-8, y la piel tarda un par de horas en recuperar el nivel óptimo, generando mas ácido. 
Una piel demasiado ácida tiende a ser seca, y una piel mas alcalina es propensa a dermatitis, prurito o acné, debido a un exceso de grasa.
Ahora entenderéis por qué somos propensos a coger infecciones en vestuarios o gimnasios: si aumenta la acidez de la piel queda expuesta a hongos, bacterias, etc., que con el poro abierto por la ducha es un “pasen, pasen” a las bacterias.
Y en cuanto a las personas mayores, cuando nacemos nuestro pH está cercano al 7 y va disminuyendo con la edad. Pero en la vejez aumenta el pH, ya que la piel no tiene ese poder regenerador tan intenso y si abusamos del agua la hacemos mas alcalina aún, poniendo en riesgo el manto ácido.

Por último, os recomendamos conocer bien nuestro tipo de piel, utilizar los productos adecuados para ella y no caer en los extremos: lavarse mucho puede tan perjudicial como no lavarse…

Un saludo a todos y… ¡Nos olemos en Caléndula!

(Nos hemos ayudado de elblogdelapielsana en nuestra redacción, imagen de prurito: .dbdermatologiabarcelona, piel: quieroserpositivo)
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Un Perfume para cada tipo de piel.

“El perfume de mi amiga, en mí no huele igual”. 

 

Seguro que os ha pasado alguna vez: olemos un perfume en otra persona, nos gusta, lo compramos y cuando lo aplicamos en nuestra piel no huele igual a como lo recordamos. 

Igual que las flores, cada piel tiene su perfume propio.

Es muy normal este caso, un mismo perfume puede dar diferente resultado en otra persona y es debido al tipo de piel. Cada una tiene su olor característico e identificativo. Está determinado por las sustancias liberadas en nuestra sudoración y el pH de cada persona, unos más ácidos, otros más alcalinos. Pero del pH de la piel ya hablaremos en otra ocasión.

La fragancia final de un perfume no es el que olemos en una tira de prueba u olfativa como las que tenemos en Caléndula, es el resultado de la mezcla con nuestro olor corporal, ahí es donde se crea el aroma único.

-En pieles grasas se puede modificar bastante las fragancias por la elevada cantidad de sebo. Los aromas se hacen más intensos, con el riesgo de resultar demasiado fuertes. Por esta razón, a quien tiene este tipo de piel, se le aconseja que elija fragancias frescas y ligeras, como las que están pensadas para el verano.  prefiriendo notas acuáticas y cítricas, mientras se deberían descartar perfumes demasiado dulces y amaderados.

-En pieles secas el problema principal está en la escasa fijación de las fragancias y, por consiguiente, una duración más breve. Para ese tipo de piel, valen las precauciones y las fragancias aconsejados para el invierno, cuando el frío seca la piel y la hace menos propensa a “absorber” los aromas.
Lo mejor sería elegir perfumes densos, dulces, orientales o amaderados.

Recordad que hay algún truquito para conseguir que la fijación del perfume sea más duradera en pieles muy secas, sería aplicar el perfume en la zona hidratada previamente con alguna crema o vaselina sin a penas fragancia, para que no tape el verdadro aroma del perfume.

Os dejamos este enlace donde os explicamos algunos consejos prácticos, y para todo lo demás…..

                      ¡Nos olemos en Caléndula!